El TDAH de mi hijo y yo

Me he preguntado una y mil veces: ¿…y por qué a mí?, ¿y por qué yo? ¿Qué hice? ¿Tan mal me porté? Me he planteado estas y un buen número más de preguntas.

El TDAH de mi hijo y yo

Por: Celia Rodríguez
El TDAH de mi hijo y yo

Me he preguntado una y mil veces: ¿…y por qué a mí?, ¿y por qué yo? ¿Qué hice? ¿Tan mal me porté? Me he planteado estas y un buen número más de preguntas.

La respuesta me lleva siempre al momento en que como al quinto mes de embarazo le solicité a la ginecóloga que me realizara una prueba para saber si mi bebé venía con algún problemita congénito. La respuesta de la doctora fueron una serie de preguntas: Celia, ¿para qué quiere la prueba, va a interrumpir a estas alturas su embarazo? ¿No va a querer a su bebé? ¿Para qué quiere angustiarse?

Salí de la consulta convencida de que algo importante me esperaba cuando naciera mi bebé. Y así fue.

Andrés es mi único hijo. Nació cuando yo tenía 37 años. Era un hijo esperado y deseado por mí por mucho tiempo, así que después de las preguntas de la ginecóloga yo estaba convencida de que como viniera, como fuera, yo lo amaría por siempre y pondría mi mejor esfuerzo en lograr que fuera feliz.

Así que nació a las 36 semanas más tres días de gestación y por cesárea.

La ginecóloga me dijo: “señora, tuvo un varón, su hijo nació con labio y paladar hendido, ¿lo quiere ver?” Le contesté: “claro, es mi hijo”, aunque mi sorpresa fue mayúscula, pero como dije yo estaba dispuesta a amarlo por sobre todas las cosas.

Mi bebé se quedó en el hospital por una semana pues no sabían cómo debía de alimentarlo. Este fue el inicio del largo camino que he recorrido hasta la fecha.

Inició el camino de buscar mamilas, cama, médicos, hospitales e información sobre el labio y paladar hendido (LPH). Andrés es atendido hasta la actualidad en el Instituto Nacional de Pediatría por seis especialistas: cirugía plástica, ortodoncia, salud mental (paidopsiquiatría y psicología), audiología y foneatría.

Y es a partir del servicio de psicología que me dieron la otra “feliz noticia” sobre mi hijo: es diagnosticado como niño con trastorno por déficit de atención.

Andrés aprendió rapidísimo a leer y a escribir; escribía en forma clara, con buena letra, no se “comía letras” y leía fluidamente. No había problemas de aprendizaje alguno, sin embargo sí había algunos reportes sobre su conducta.

Lo llevé con un compañero de trabajo, quien era director de un CAM en Iztapalapa y le aplicó unas pruebas. Me dijo que Andrés estaba bien, que lo que sucedía en algunos caso era que los hijos de maestros tienen esos problemas por asistir a la misma escuela en donde labora su mamá. Me recomendó que mi hijo practicara deportes.

En segundo grado no hubo problemas mayores en la escuela. Al terminar este grado, Andrés es sometido a una nueva cirugía y en la misma semana, antes de su cirugía, falleció mi papá. Estos hechos sin duda marcaron la vida de mi hijo y la mía también.

Me cambiaron de centro de trabajo y entonces tomé la decisión de cambiarlo a una escuela de tiempo completo para que cursara el tercer grado.

Su profesor me reportó que Andrés tenía problemas para relacionarse con sus compañeros. Me dijo que en el tema del aprovechamiento no estaba tan mal pero que tenía que hablar con mi hijo acerca de su conducta pues
quitaba cosas a sus compañeros, y perdía las suyas, olvidaba las tareas, era muy impositivo con sus compañeros y poco tolerante, pero que estaba en proceso de adaptación.

Sin embargo, para mí el periodo de adaptación de mi hijo parecía no terminar nunca. Es en esta época cuando lo diagnosticaron como niño con TDAH.

A estas alturas de la vida me encuentro verdaderamente cansada de la crianza de mi hijo. Entré en un periodo de mucho estrés y de desesperación, pensaba que hacía todo lo que estaba a mi alcance para su tratamiento por el LPH y que ahora con eso del TDAH las cosas se complicaban aún más en su crianza. El mundo se volvía más denso cada vez y creía que no iba a poder más y que la justicia no existía para mí y para mi hijo, pues yo lo esperé con ilusión, amor y con grandes planes para nuestras vidas. Pensaba también que nuestra cuota con el sufrimiento estaba cubierta con su LPH. Me sentí culpable de la situación de mi hijo y me preguntaba qué tan mala había sido como para recibir este “castigo” y qué tan culpable podría ser mi hijo para resultar tan especial.

El apoyo de mi familia siempre ha sido muy importante para nosotros. Andrés fue criado por mi hermana, Mamaú, como la llama Andy desde bebé, mientras yo trabajaba; mi padre fue su padre hasta que sus fuerzas se agotaron y tuvo que partir, mi madre siempre preocupada y ocupada por nuestras necesidades.

¿Tantos actores en la vida y en la crianza de Andrés? ¿Quién de todos ellos era el responsable? No encontraba respuestas y mis preguntas eran cada vez más frecuentes.

La negación sobre el TDAH de mi hijo me llevó a tener una mala relación con él y con mi familia pues yo representaba más que una mamá una celadora para ese pobre niño. En esa demanda de mejorar mi relación con Andrés, de cómo dejar de ser una madre aterradora, represora, gritona que no comprendía las actitudes de mi hijo, busqué terapia fuera del INP, y fue así como llegué al Proyectodah, pues la psicóloga me invitó a que fuera a la plática de información pues creía que también necesitaba ayuda.

Todavía negando el trastorno en mi hijo, asistí a la primera reunión de información. Mi mente estaba en revolución y se me agolparon muchas preguntas contradictorias en la mente: “SÍ, ERA CIERTO… el TDAH sí existe y muchos niños lo padecen…NO, creo que no, esto es una falacia y sólo buscan sacarnos dinero… TANTOS papás no pueden estar equivocado… o ¿sí?…” Sentía un hoyo en la panza pues me veía reflejada en cada comentario del expositor, en cada comentario de los otros participantes… Salí de la reunión pensando en no regresar pues para mí todos los que estaban ahí eran unos espías de mi vida.

Sin embargo, por la necesidad de información y un tanto escéptica regresé al grupo. Cada sesión me parecía que me habían espiado y ahora me leían la cartilla sobre todo lo que hacía y lo que no hacía en mi casa y con mi hijo.

Al final tuve que reconocer que era verdad: mi hijo tiene TDAH con comorbilidad con Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD). Entonces tuve que llorar lágrimas que no me había permitido derramar para no parecer débil. Tuve que analizar todo con mi hijo y conmigo misma. Tuve que pedir perdón y perdonarme y entender que no era culpable ni del LPH ni del TDAH ni del TOD de mi hijo y sobre todas las cosas, reconocer que amo a mi hijo profundamente.

Que la batalla sería ardua pero que tendría que darla hasta mi último aliento.

Creo que el grupo GADAH ha favorecido en mucho mi relación con mi hijo, ya no grito con tanta frecuencia, intento ser más asertiva en los problemas escolares y familiares de mi hijo. Ahora sé que sus comportamientos tienen una razón y una explicación. Me doy permiso de equivocarme y reconocer que lo hago e iniciar tantas veces como sea necesario. He podido compartir con mi familia, amigos y maestros la situación de Andrés. Los periodos de plática con mi hijo se van incrementando, tengo más argumentos para hacerlo y exploto menos.

Reconozco que su vida es un proceso y en ese proceso estamos participando todas las personas que lo amamos.
En el ámbito escolar he tenido que dar la batalla pues los maestros, cargados con tantos alumnos, algunas veces o por esa falta de sensibilidad o por ignorancia, poco entienden que los niños con TDAH no están conscientes de todos sus actos, que les cuesta trabajo ser “igual” que el resto de su compañeros y que también les cuesta trabajo sensibilizarse y ponerse en los zapatos de un niño con TDAH.

Andrés ahora está en primero de secundaria y con mucho orgullo puedo decir que hacemos buen equipo pues ingresó a la escuela de su elección, en el taller que quiso y que hasta el momento no ha reprobado ninguna materia. Tiene amigos y amigas y su proceso de adaptación no fue tan tortuoso como en la primaria. Se encuentra sin medicamento desde hace cinco meses. Creo que es un adolescente con TDAH funcional. La batalla ahora es con el TOD que junto con su paso a la adolescencia le causa algunos problemas en la escuela, los cuales hemos podido sobrellevar porque afortunadamente no son graves.

Cuando se presentan los problemas he aprendido a respirar hondo y profundo, a tomarme el tiempo suficiente para tranquilizarme y tener una mejor relación con mi hijo y con mi familia.

Agradezco a dios por cada persona que ha puesto en mi camino para ayudarme con la dura tarea de criar a un hijo con las características de Andrés.

Agradezco a dios por mi hijo, porque ése me tocó y porque sé que aunque la prueba es dura no estoy sola.

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