En un principio de mi vida el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) sí me llegó a afectar, ya que mi hijo era como un chivito en campo, no me entendía, no me hacía caso; incluso llegué a creer que era autista. A partir de los dos años de edad nos dimos cuenta de que algo no andaba bien, ya que no paraba, parecía un torbellino, era muy conflictivo, no podíamos salir a ningún lado, hasta el punto de que su papá nos decía: “Si no se controla el niño, ¡no!”, por lo que ya no salíamos ni al cine, ni a fiestas… esa fue la parte que inició la búsqueda desesperada de ayuda.
Ahora, con el conocimiento que tengo sobre el trastorno, cambió mi perspectiva y visión. Recuerdo que cuando me enteré que mi hijo tenia el déficit, me llegué a preguntar: “¿y eso qué es?”, “¿cómo lo voy a poder atender?” En ese entonces sí estaba muy angustiada, pero al momento de informarme, la angustia se transformó en reto. La Fundación Cultural Federico Hoth y su Proyectodah llegó a mi colonia y ahí fue cuando empecé a conocer lo que probablemente le pasaba a mi hijo. Aprendí que si los padres trabajan continuamente con un compromiso de amor y en acuerdo con los que rodean al niño, si nos informamos, aplicando las herramientas y asimilando el hecho de que el trastorno por déficit de atención (TDAH) no se cura, mi hijo podrá ser una persona competentemente feliz, y lo estamos logrando juntos, sobre llevando el trastorno, aprendiendo que trabajando de manera multimodal se puede atender, con seguimiento médico, psicológico, estrategias en casa, paciencia y mucho, pero mucho amor.
Actualmente mi hijo, aunque a veces se desespera, se encuentra bien. Poco a poco está entendiendo que él aprende de forma diferente y aunque su principal falla es la atención, le recordamos que ponga en práctica las estrategias aprendidas. Y debo decirles que todo lo que aprendemos en las sesiones del grupo de apoyo (GADAH) es aplicable y funciona también para el resto de nuestros hijos.
Considero que este síntoma tiene más ventajas que desventajas, porque ahora mi hijo se ha ganado su lugar en la escuela, con sus compañeros y con los que lo rodean, pues es muy sociable, abierto, no le da pena nada, pero también le tenemos que recordar que debe ser empático, que analice las situaciones y que ante todo que el TDAH no justifica la falta de respeto a los demás.
Algo que destacaría en mi hijo es que al descubrir sus fortalezas y aplicándolas cuando las necesita, logra cosas que otros niños no hacen.
Cuando te dan un diagnóstico de algo que no conoces es necesario tomar la iniciativa y buscar hacer un cambio. Porque es muy desgastante estar recibiendo quejas constantes sin aportaciones por parte de los demás, por
lo que terminas preguntándote “¿y ahora qué hago?”; por ello entiendo perfectamente a los papás de los grupos cuando dicen que ya no aguantan más la situación que están viviendo en la escuela, con los compañeros, la maestra, etc. Por desconocimiento del trastorno los demás sólo te ponen etiquetas en forma constante tanto para los padres como para los niños; así que los entiendo y les digo que muchos hemos pasado por esto, aunado al hecho de estar buscando escuelas porque en todos lados los rechazan, lo cual es muy desgastante y desagradable. Pero al fin de cuentas les digo a los papás que es necesario empezar a informarse para ir digiriendo lo aprendido, para ver lo que nos puede ayudar, para mejorar y lo que no nos beneficia en nada.
Por eso considero muy importante que haya grupos de apoyo, ya que uno lo puede tomar como ayuda, porque puedes externar tus vivencias y ver alternativas al contar con información científica y verídica antes de actuar de una manera reactiva. Es importante enfatizar el hecho de que en los grupos de apoyo uno lleva su proceso, el cual requiere de constancia y compromiso. En la parte académica me ha funcionado cambiar mi actitud para lograr apertura y cooperación con docentes y escuela. Eso es básico y lo más interesante es que lo he aprendido de mi hijo.
Aunque por otra parte el Proyectodah se ha convertido en mi guía, porque cuando empecé a tomar la información, el GADAH en donde yo estaba se desintegró y me fui a otro para continuar aprendiendo. Recuerdo mucho mi primera sesión, porque no sabía bien de los que me iban a hablar, hasta que comencé a conocer el trastorno, y al dejar de lado esa ignorancia que me impedía confiar en las herramientas enseñadas, se fueron dando los avances que en un principio quería ver, tanto en mi hijo como en su entorno, aunque diría que los principales cambios que noté fueron en mí, y gratamente, poco a poco en los demás, claro con la ayuda de las herramientas y la constancia en todo momento.
Ahora abiertamente puedo externar que mi familia se encuentra estable y con disposición de apoyar y entender lo que necesite mi hijo. El tiempo ha dejado de ser mi prioridad, me doy mi espacio para aprender y enseñarle a mi hijo.
He aprendido que al respetar su ritmo de aprendizaje y sus tiempos hace que todo fluya y es lo que nos está funcionando. Además, de esta manera ya no me desgasto. Aunque reconozco que todavía falta mucho camino por recorrer, mi actitud proactivamente perseverante logrará buenos resultados frente al gran reto que es el TDAH.